Los niños púberes y adolescentes en cuarentena, con una estructura subjetiva todavía en un tiempo de advenir, no contaron con los recursos simbólicos para responder al trauma.

Así, respondieron como pudieron: algunos se encerraron en sus cuartos, jugando a juegos en Internet, en el mejor de los casos con otros, en otros casos, se refugiaron en un juego asociado a un goce solitario que terminó asfixiándolos y mortificándolos. Goce asociado a la pulsión de muerte.

El mundo exterior se presentó para ellos como un lugar inhóspito, amenazante, y frente al cual no pudieron desplegar sus talentos. Estos quedaron en suspenso

y su subjetividad arrasada.

Manifiestan tristeza, fantasías de suicidio, dolor de existir, piensan que no tienen nada que aportar. El común denominador que encontramos es que la subjetividad de ellos está arrasada. Es en ese contexto en que en los niños cuya estructura subjetiva no está todavía decidida, lo real del trauma no ha podido ser bordeado y sus consecuencias ha sido en muchos arrasadora.

 

La pubertad precoz es uno de esos efectos. Así, ha habido en pandemia, un aumento considerable de las consultas por esta dolencia, fenómeno que no está asociado a ninguna determinación orgánica y que es considerado como de causa desconocida. Creemos que podemos pensar este fenómeno como una respuesta desregulada frente al trauma, que precipita un cambio en la distribución del goce corporal. Queda claro este desorden y esta falta de regulación respecto a los cambios relativos al lapso de tiempo en que se atraviesan los distintos estadios puberales que en un proceso puberal “normal” se trata de dos años y medio y en estos casos ha sido reducido a un período entre seis y nueve meses. Los efectos a nivel psíquico y físicos son preocupantes y también dan cuenta de la falla en la regulación. Algunos de los efectos psíquicos son: cambios en la vida social, incremento de estados depresivos, hipersexualización, etc. Y los médicos señalan los siguientes: retardo en la maduración de áreas cerebrales asociadas a la capacidad de evaluar riesgos y maduración incompleta de regiones de toma de decisiones y áreas ejecutivas

 

La pubertad precoz es una dolencia que nos interpela y nos desafía a responder   en el marco de un trabajo terapéutico que no podrá ser sino interdisciplinario.

 

Liliana Szapiro

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