Nos encontramos con un fenómeno que se repite en la clínica con adolescentes en la actualidad: jóvenes que no salieron nunca del encierro al que los confinó la “cuarentena”. Jóvenes que en algunos casos, se quedan despiertos hasta la madrugada jugando por internet con amigos por lo general extranjeros, que hablan idiomas diferentes y a quienes han conocido a través de las redes. En otros casos, se quedan mirando en soledad videos a través de sus aparatos celulares No se despiertan para ir a la escuela o a la Universidad. No pueden asumir responsabilidad alguna. Dicen que les faltan recursos para hacerlo lo cual genera un monto de ansiedad paralizante. Relatan vivencias de pánico frente a la realidad externa: no pueden estar solos en la calle, la presencia física de un otro que no sea familiar los aterra. Frente a esto eligen un encierro que no deja de resultarles incómodo.
Lo que hemos podido ubicar en los casos que atendemos en el marco de la Fundación Proyecto Asistir es que nos encontramos la mayoría de las veces con una función paterna muy lábil. Qué queremos decir con esto?
Tenemos que tener en cuenta que la función paterna es una función que puede ser ejercida no solo por el padre sino que también puede ser ejercida por un tío, la madre, la abuela, etc.
Es una función de corte, es una función que pone límites y al mismo tiempo respalda y dona recursos para enfrentar la vida. Función de corte con el goce materno. En muchos de los casos atendidos el encierro daba cuenta de un sometimiento inconsciente a la demanda materna.
Se trata en el marco del tratamiento analítico de hacer funcionar dicho corte y brindarle al sujeto los recursos para orientarse en su deseo y poder seguir adelante con el mismo.
Liliana Szapiro.

